La voz del aprendiz enero 2015

Aquí tenemos a María José, la alumna más antigua que conservo hoy en día. Aún me acuerdo el primer día que la conocí; agachada con una voz escondida hablaba rápido que no la entendía muy bien. Desde entonces hemos vencido varias etapas, años, no es nada fácil mantenerse tanto tiempo al flote ni para los alumnos ni para mi.  Muchos alumnos dejan antes, o a mí se me queda en blanco sin saber cómo ayudar... Total, el autentico resultado (y excepcional) de la Voluntad y la Disciplina es ella. Que disfrutéis leyéndola... Makiko


Entrevista a María José  “He vivido un cambio total”

ALEJANDRA – Hola, María José. Gracias por participar en este ciclo de entrevistas pensadas para que compartáis vuestras experiencias. Si te parece, podríamos comenzar por lo que te impulsó a estudiar Desarrollo Vocal
MARÍA JOSÉ – Claro… Llevaba unos meses pensando que tenía que hacer algo con la voz. Siempre he cantado, desde pequeña, pero había llegado un momento en el que la voz ya no me respondía como yo quería
A. – ¿Tu interés estaba relacionado con tu trabajo?
Mª. J. – En parte, sí. Soy profesora y pensé que si trabajaba la voz me iría mejor con mis alumnos. Pero también me interesaba cantar, descubrir qué le pasaba a mi garganta y porqué me costaba hablar en público. Entonces me dije: tengo que hacer algo. Casualmente en una visita a mi osteópata encontré un ejemplar de la revista Verdemente en su sala de espera. Así que me puse a ojearla y encontré un artículo de Makiko en el que hablaba sobre la voz y el Desarrollo Vocal. Creo que era uno de los primeros que publicó. Me llamó mucho la atención que mencionara que trabajaba entre Santiago y Madrid (porque yo soy de Santiago de Compostela). Así que me dije: qué bien. A lo mejor, puedo quedar con ella en vacaciones. Le escribí diciéndole que quería trabajar la voz pero que no sabía cómo. Me citó para una entrevista, hablamos y empecé…
A – Cuando dices que la voz no te funcionaba como antes ¿te refieres a que te notabas fatigada o a que te sentías “limitada” vocalmente?
Mª. J. – No era fatiga sino la consecuencia de mi timidez… Necesitaba aprender a pegar un grito en clase sin cargarme la voz. Hay días que sabes que te estás haciendo daño pero no puedes evitarlo…
A - ¿Cuánto llevas yendo a clase con Makiko?
Mª. J. – En abril pasado hizo dos años. Tuve clases individuales hasta junio y ahora sigo con ella en las grupales, los campamentos gorgoritos…
A - ¿Te gustan los campamentos?
Mª. J. – Son fabulosos. Hay un antes y un después de cada campamento por todo lo que vives y descubres. El del pasado verano fue particularmente intenso. La semana dio para mucho...
A. - ¿Qué cambios ha provocado el Desarrollo Vocal en tu vida?
Mª. J. – He notado cambios en todos los niveles. Ha cambiado mi manera de respirar y también mi voz. Tuve una “muda vocal” en primavera y desde entonces noto que hablo desde otro sitio. En las clases que doy ya no me canso, y soy consciente de cuándo lo estoy haciendo mal y cuándo lo hago bien. Antes no lo era. Por otra parte, cuando comencé a cantar casi no se me oía por una mezcla de timidez, inseguridad, pánico escénico (risas…), emoción… Pero poco a poco eso ha ido cambiando. Antes, por ejemplo, no llegaba a los altos con comodidad.
A. - ¿Eres de voz aguda?
Mª. J. – Sí… En primavera fue cuando realmente me relajé pero aun así me queda mucho.
A. – Vamos, que has descubierto que los agudos son más amigos que enemigos.
Mª. J. – Sí y que se pueden cantar sin agobio de respirar ni de Ayyyy, que no llego. Ahora es mucho más fácil pero tengo que estar tranquila porque el agobio vuelve de tanto en tanto…
A. – Y emocionalmente ¿qué cambios has notado?
Mª. J. – Es otro mundo. Había probado distintas terapias y me habían dicho muchas cosas pero este proceso me ha ayudado a darme cuenta realmente de cómo estaba, de cómo se tensaba mi cuerpo, de qué emociones tenía… Pero, sobre todo, cómo se reflejaban esas emociones en lo que hacía. Al principio mi espalda no existía, sólo era consciente de mi parte frontal y los músculos estaban rígidos… Poco a poco fui sintiendo el cuerpo y aprendiendo a manejar las emociones. La improvisación, una de las cosas que más me han gustado, me ayudó mucho. Al principio me costaba, me sentía agarrotada y con mucha vergüenza pero cuando conseguí parar el rollo de la cotorrilla mental y me dejé llegar, entonces sentí por primera vez que la voz era pura vibración y que el cuerpo “desaparecía”. Todo era sonido. Eran sólo unos instantes pero tan intensos que merecía la pena el trabajo de toda la semana… Como improvisas sintiéndote, consigues una balsa de calma en la que cabe todo: la angustia, el dolor, la tristeza, la ira…
A. – Quizá porque no hay ni juicio ni censura…
Mª. J. – Claro… Hay aceptación plena de lo que estás viviendo. Siempre hay emociones que intentamos esquivar pero en esos instantes las acoges con el sonido sabiendo que todo es tuyo. Entonces, descubres la forma de contener las que son desagradables sin esquivarlas ni taparlas… Cantando me resultaba más fácil hacerlo... Me he ido conociendo, cambiando mi cuerpo, viviendo y aprendiendo a trasmitir emociones… En estos dos años, he vivido un cambio total.
A. – Y esas emociones desagradables ¿las sigues sintiendo igual de negativas?
Mª. J. – No, ahora las acepto…
A. – ¿Son buenas maestras?
Mª. J. – La verdad es que sí… Ahora cuando grito en clase, mis gritos tienen “autoridad” y los alumnos me hacen caso porque lo hago desde el lugar adecuado.
A. - Creo que entiendo lo que quieres decir pero me gustaría que lo explicaras un poquito más…
Mª. J. – Antes, cuando me enfadaba, se me subía todo a la garganta. Estaba como descontrolado y esa zona no podía sostenerlo… Ahora, lo mantengo todo en la cadera que es la zona del equilibrio. A veces me imagino que es como uno de esos tentempiés para niños pequeños al que le puedes dar todas las tortas que quieras. Nunca se cae ni desequilibra porque el peso está abajo. Makiko lo llama “el cuenco”… Eso hace que la energía se convierta en fuerza, no en descontrol. No es algo fácil de hacer ni tampoco puedo decir que lo consiga siempre pero ahora sé la diferencia entre hacerlo o no.
A. – Muy interesante… Por lo que me comentas, has dado un paso enorme al entender la voz como algo que engloba a todo el cuerpo, a todas las emociones…
Mª. J. – A toda la existencia, diría yo. La voz lo trasmite todo: la emoción, el estado corporal, tu manera de ver la vida y de relacionarte con el mundo… Si modificas algo en la voz, se modifican necesariamente muchas otras cosas de las que no eres consciente…
A. – Si lanzas la mirada hacia delante ¿hacia dónde crees que te conduce este camino?
Mª. J. – En este momento mi trabajo consiste en dejarme ver. Ahora estoy en clase grupal aprendiendo a estar en primera línea y a dejar que se me oiga. Me provoca bastante  inseguridad pero intento disfrutar igual que cuando canto sola porque el disfrute es tal que es una pena no compartirlo con los demás… Makiko me dice que lo que me faltan son “tablas”…
A. – ¿Cantas en casa?
Mª. J. – Canto todo el día…
A. – Pero ¿lo haces de una manera reflexiva o te dejas llevar?
Mª. J. – Depende… En casa no puedo hacer lo que hago aquí por los vecinos… A veces reflexiono lo que estoy haciendo con la respiración y otras tarareo… Makiko nos pedía hace poco en una clase que paseáramos tarareando para bajar la energía a los pies… Por eso, últimamente voy cantando sola por la calle (risas…). No canto más porque no tengo un sitio adecuado.
A. – Cuando trabajas sola, ¿lo encuentras gratificante? Te lo pregunto porque hay gente a la que no le gusta hacerlo. Y cuando digo “trabajar”, me refiero a experimentar con la voz teniendo plena consciencia de lo que está pasando…
Mª. J. – Lo disfruto un montón… A veces pruebo cosas fregando los platos… Pero donde realmente me desahogo es cantando en el coche (risas…) Es donde me aprendo las canciones, observo cómo las cantan y los giros que hacen, cómo suben y bajan… De hecho, me he dado cuenta de que ya no escucho música de la misma manera. A veces, por ejemplo, noto que sólo hay notas, no emoción. Mi oído ya no da todo por bueno y eso que no he estudiado música. Pero, claro, he hecho tantas clases con Makiko y buscado tantos matices con ella que cuando oigo diferentes versiones de una misma canción sé la que me gusta y la que no.
A. – En tu opinión, ¿qué debe tener claro respecto al Desarrollo Vocal alguien que comienza?
Mª. J. – Que la constancia y el compromiso con uno mismo son imprescindibles para avanzar. Y que hay que ir pasito a pasito, sin correr. Esto no se consigue en dos meses. La voz no cambia  tan rápido porque hay cosas que las llevamos con nosotros desde la niñez. Además se necesita tiempo para asimilar lo que se va descubriendo. Para mí no ir con prisas es fundamental.
A. – Muchísimas gracias, has sido muy generosa compartiendo tu experiencia con nosotros. Que tengas mucha suerte

Mª. J. - Gracias

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