La Voz del aprendiz "El viaje de una voz libre"


  Entre una Santa y una Mujer: Makiko Kitago
Ella es tan discreta y siempre está serena que no se le hace notar su madurez, ni su gran capacidad de amar, ni su amplia experiencia como voluntario, ni como excelente terapeuta, ni como músico artesanal de calidad.  No necesita que la gente aplauda por lo que es, ya está de vuelta para eso. También es la alumna más gamberra que he tenido jamás y realmente se hace notar  su ausencia en las actividades grupales cada vez que se marcha a otros continentes. Es una pena que una persona tan ejemplar como Clementina sea tan desapercibida. Seguro que os gustará esta entrevista que ha preparado Virginia, la alumna más joven de la plantilla habitual.
    

 "El viaje a una voz libre"
- entrevista a Clementina Esteras - 
por Virginia Parra

Virginia: –  ¿Cómo surgió la idea de desarrollar tu voz? ¿Por qué empezaste este camino de trabajo vocal?

Clementina: -  Viene de antiguo. Empecé a estudiar música cuando era adolescente y después de dos o tres años me di cuenta de que no llegaba a los agudos con tanta facilidad como lo hacía anteriormente y al mismo tiempo me sentía más cómoda en el registro bajo. No tenía un problema (aparentemente) pero no llegaba bien a los agudos. Esto no me impedía continuar con la música, sin embargo, interiormente, yo sentía que había un bloqueo: como si al cantar el sonido agudo, especialmente, “chocara” contra algo. Pasaron años y fui a clase de osteofonía y descubrí que no había ningún bloqueo físico ni vocal… pero esa voz que yo escuchaba me parecía como falsa. No me parecía mi voz. No me ocasionaba ningún trastorno pero yo seguía sintiendo ese bloqueo. Quedó ahí, como guardado en un cajón, y entonces apareció Makiko. Había leído un artículo suyo en la revista Verdemente el verano de 2015 pero luego en enero de 2016 volví a leer otro artículo y ahí me enteré de que abría un grupo de canto los miércoles.

V. - ¿Qué te motivó o impulsó a empezar las clases y apuntarte al Grupal?

C. – Lo que me llamó la atención es el lenguaje que utiliza Makiko para explicar en las clases, es diferente. Y como dicen los mexicanos, “si te late…” pues ya está, así que me apunté y comencé en el Grupal.

V. – ¿Cómo ha sido – y cómo es – la experiencia de trabajar tu voz con Makiko?

C.-  Es una experiencia, por un lado, como de darme cuenta de cosas y de ser consciente de las cosas, desde otro lugar. Lo que ha sido importante para mí es que Makiko crea un espacio de confianza, de respeto, de seguridad y, además, permite o invita a que suceda o se exprese aquello que sea. 
Por otro lado, las técnicas que enseña con nombres tan gráficos como “cara de imbécil”, “técnica del mondongo”… las imágenes que ella evoca se traducen en sensación y luego, de alguna manera inconsciente muchas veces, salen en la voz. Utiliza un lenguaje muy gráfico y me resulta muy inspirador. 
Luego está el “Cuenco” que es mucho más que una técnica (si es que se le puede llamar técnica), va mucho más allá de la técnica en sí… es como una actitud vocal en donde hay una implicación total. Es una implicación de todo mi ser. La voz es la expresión de lo más profundo de la esencia de cada uno y el ‘Cuenco’ es el apoyo desde donde se expresa.
Algo que me parece también muy importante y que es todo un regalazo son los Festivales, el poder participar. El Festival es como un espacio de amor para mostrar y para compartir. Para mostrar el proceso vocal e interno en el que se está. Me parece muy importante ese espacio para exponer y para exponerme: a mis miedos, a mi crítica… Porque más que la crítica de los otros creo que puede ser mucho más feroz la mía. Y también exponerme a la alegría y a la auto-tolerancia. Y, además, por si fuera poco encima tenemos la suerte de que nos acompañe un gran pianista, que es Juan. Me parece un lujo. 

V. - ¿Y qué cambios has notado en tu voz desde que empezaste este proceso del desarrollo vocal?

C.Lo que siento ahora es que estoy conociendo, o re-conociendo, o tal vez desconociendo mi voz. Es como un “ir descubriendo” cómo es, cantando en diferentes estilos y diferentes canciones. Yo hablo de “experienciar”, algo que no sé cómo va a resultar pero que estoy viviendo. Experienciando lo que aprendo en la parte técnica cada vez me encuentro más cómoda cantando. Incluso en los agudos. Esa voz que te decía de hace años que me parecía un poco falsa, es como que está surgiendo ahora de nuevo pero ya no es de esa forma, como que viene de otro lugar. Entonces, por un lado, es como estar descubriéndola pero al mismo tiempo darme cuenta de que esa es mi voz. Ahora es como que surge más natural. Tengo más confianza, posiblemente, más seguridad. Me siento a gusto. Antes era como que encontraba ese bloqueo que decía antes, “¡ay, que viene un agudo, qué miedo!” (risas) Entonces, evidentemente, no lo disfrutaba igual. Es como algo de lo que he sido consciente: “aquí hay algo que me para”. Y creo que eso está cambiando y ya no me supone tanto bloqueo.

V.- Estos cambios en tu voz, ¿los has visto reflejados en otros aspectos de tu vida?

C.- Hace unos días me di cuenta de que estaba empezando a hacer cosas raras (risas). Como por ejemplo hablar más de lo habitual, participar en conversaciones de entre cinco y siete personas, aceptar que me hagas una entrevista… (risas). Es como expresarme de otra manera, tal vez desde el “Cuenco”, aunque muchas veces se me olvida y otras veces no soy consciente… o me doy cuenta de que he perdido la oportunidad de hablar desde el “Cuenco”. 

V.- ¿De qué logros te sientes más orgullosa en este recorrido que llevas de trabajo con tu voz?

C.- Bueno lo primero es que me resulta difícil sentirme orgullosa… pero no vamos a entrar en esa cuestión, eso es algo de psicólogo (risas). Tal vez destacaría mi capacidad de relativizar: todo es importante pero, ¿hasta dónde es importante? Todo depende de cómo lo mires, de cómo te coloques, en qué lugar… Ese relativizar me permitió participar en un Festival en el que estaba con el Grupo de los lunes y los miércoles, con A Capella, con el grupo de las Rameras, y participar también individual, yo sola. Luego también el poder, con todo esto, reírme de mí misma, reírme de la autocrítica, del auto juicio y declararme libre. Y todo con un denominador común que es disfrutar del aprendizaje y aprender disfrutando. 

V.- Clementina, además, eres voluntaria desde hace años (Clementina ha estado en Bolivia, India, Etiopía, Argentina...). Cuéntame alguna anécdota que hayas vivido. 

C. – Estaba en Etiopía, recuerdo una ocasión que íbamos hacia un río supuestamente muy cerca de la casa donde alojábamos los voluntarios. No se podía llegar en coche, íbamos andando por un camino. Llegó un punto en que la lluvia de días anteriores había borrado el camino: estaba lleno de baches, grietas, barro… Este es el panorama, dudando de si seguir o dar la vuelta, viendo que el camino se estaba poniendo más difícil y era en bajada a partir de ahí además. 

Y de pronto oigo: “¡Clementina!”. Era un niño de la escuela donde yo había estado tres semanas antes trabajando, dando inglés. Yo les había enseñado una canción, en castellano, y entonces el niño empezó a cantar, con sus gestos y todo, la canción. Me sorprendió que el niño recordara mi nombre perfectamente y, además, se acordaba de toda la canción. Este niño se vino conmigo, me agarró una mano; en su otra mano llevaba un machete… estamos hablando de un niño de 6 años, ¡el machete era casi más grande que él! 

El niño se autonombró mi guía y mi cuidador. Y a todo esto se añadieron más niños. Yo iba despacio porque había tenido un esguince un mes antes. Y bueno, estos angelitos me cuidaron hasta llegar al río, dándome la mano, guiándome por donde tenía que pisar, agarrándome… Total, que al final yo llegué al río acompañada por seis u ocho angelitos negros que me cuidaban. El niño me llamaba para que viera cómo nadaba en el río, cómo se tiraba al agua… Cuando nos tuvimos que marchar, él cogió su machete, me agarró la mano y me llevó otra vez de vuelta hasta que llegamos a su casa. Me pareció algo mágico, algo impresionante.


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Clementina se encuentra en 
Ruanda en estas navidades.
Con los viajes tu mirada cambia: ves otras formas de vivir, de estar… A veces las sonrisas más bonitas que he visto han sido las sonrisas de niños que carecen de todo. Y son las miradas más limpias también.

V.- Muchas gracias, Clementina, por haber compartido estas experiencias de tu trabajo con la voz y tu recorrido vital. Ha sido un auténtico placer. 

C. – Muchas gracias. 

Comentarios

  1. Realmente edificante y emocionante,desde la parte de la experiencia de desarrollo vocal hasta el recuerdo de esos momentos en África,suponiendo que se pueda separar,que parece que no ,porque todo encaja con todo.Enhorabuena a la entrevistadora por dar pie a un relato de cosas muy grandes que sin embargo la entrevistada hace desde una preciosa sencillez.Y felicitaciones y mi humilde reconocimiento a Makiko por cultivar tan hermoso jardín.

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