Meditación en Voz alta "No puedo cambiar el mundo"

Meditación en Voz alta
"No puedo cambiar el mundo"

Me ha bajado la defensa por el cansancio, acatarrado por tristeza y la fiebre se disparó por rabia.

Hoy me siento muy pesimista a pesar de lo hermoso que fue el Festival de alumnos celebrado hace nada. Cada vez me cae más peso sobre mi consciencia, lo difícil que es limpiar el “entorno interno”.

Hace unos años escribí en la revista Verdemente “Una espina clavada en la voz”. Hoy veo que las espinas, las hay muy persistentes, su calibre de maldad supera a cualquier estimación que uno puede hacer. Algunos alumnos, a pesar de sus logros y avances se siguen sufriendo el mal de la espina clavada cada vez que cantan en el Festival.

La espina tiene otro nombre, se llama juicio. En nuestro Festival está totalmente prohibido juzgar, los familiares y amigos que vienen a ver sus seres cantarines saben que “su labor” es apoyo incondicional, y que de esta forma sanar su propio juicio interno. Ya llevamos 12 festivales y pocas personas han osado infringir esta norma. De modo que construimos entre todos el entorno del Festival, que sea amoroso, justo y respetuoso - sin espinas. Aun así, los alumnos que salen a cantar viven (mejor dicho, reviven) el juicio atroz que llevan en el interior. Su espina clavada aprovecha la situación vulnerable y les pincha sin piedad, así de mala es.

“No es la gente, yo sé que la gente allí no me juzgan. Soy yo.”

Algunos alumnos dicen que el propio juez es el peor. Vale, el juicio viene del dentro. ¿Pero cuántos casos he conocido, que esa voz interna que juzga y ridiculiza a ellos es exactamente igual a la que decía su entorno en la infancia? ¿No será parecido a lo que diría tu familia si ellos estuvieran en el Festival?

“Qué haces tú saliendo a cantar”
“No tienes voz”
“eres muy mala”
“y para qué sirve esto”
“tienes que mejorar”
“ni medianamente decente”
“me haces avergonzar”
“ridículo, es lo que haces”

Queridos alumnos (o quien necesite identificarse con esto):
El juicio interno que tienes, está en tí pero no eres tú. Ellos están dentro y son ellos quienes te juzgan. 

“Pero si soy yo”

El juicio no viene nunca solo, trae otros regalitos podridos; la humillación y la culpa. Los alumnos casi en estado de pánico en la escena siendo el blanco de su "entorno interno", encima insisten en culparse por no saber gestionarlo, como si fueran tontos o inútiles. Se humillan juzgándose así, se sienten más culpa por ello, el pánico se agudiza, les hace congelar toda su capacidad, se sienten más tontos... Ha caído en el bucle, ya no hay quién les saque de allí.
Estos alumnos todavía no tiene fuerza interna suficiente como para acusar a su "entorno interno" y expulsar la injusticia de su cuerpo. Están en ello pero necesitan muuuucho tiempo y lágrimas. Su entorno es (fue) muy importante para ellos, forma parte de su ser; para un niño, el entorno es todo. No es nada fácil asimilar que los que tenían que amarles y cuidarlos no han sido justos y que les claven "espizazos" sin opción a defender… no es nada digerible tanta crueldad ni soportar tal dolor. Su mente prefiere aceptar la humillación y pensar que es culpa suya.
 
Desde luego se nota mucho la diferencia en su cantar, entre un alumno que ha tenido un entorno en su infancia amoroso, con apoyo y sin juicio (vamos, lo normal) y otro que ha crecido en un entorno nocivo, ‘cagado’ (literal) de miedo mirando la cara de su madre a ver qué le iba a decir en cada movimiento. Da lo mismo si canta bien o mal, aunque tenga un nivel vocal se bloquea igual.

No hay nada más doloroso que no poder cantar como uno quiere por quedarse atrapada en el juicio que viene del pasado, del interior. Te hace dar cuenta de que siendo niño, ya te han herido.
De mayor, los alumnos tratan de superar y cantan, pero se desconectan sin querer, cantan como si no estuviera. Por fin ha conseguido mostrarse pero, en realidad no están cantando "de verdad". Su alma se ha ido.

Yo pienso, ¿cuántas veces habrá tenido que hacer eso en su vida; "disociarse", y desde qué edad?

Yo trato de ayudar a mis alumnos lo que está en mi mano, pero no es para que aprendan ni cambien ellos. Por mucho que mis alumnos tratan de “aprender” o “corregirse” como si el fallo estuviera en ellos, eso no solo aporta el cambio, sino puede incluso agravar la situación, porque no es justo el planteamiento. En realidad quien tiene que cambiar es el entorno. Si el entorno cambia, su vida cambiará. El trabajo real que existe en los alumnos es solamente gozar de ser amado tal cual son y acomodarse al cambio que vaya produciendo. El resto es mi trabajo; cambiar su "entorno interno" ofreciéndoles otro entorno más óptimo.

Lo bueno de cantar es que se conecta con el niño interior. Cuando sales a cantar ante público, directamente te sitúa en tu tierna infancia y proyectas en el publico lo que era el entorno de tu infancia. Por eso algunos alumnos salen a la escena tan afectados, más que cuando salen para hablar, bailar o pintar. Cantar es un acto especialmente regresivo.
Todos mis alumnos son adultos, excelentes como persona y algunos con éxito social considerable, pero en el Festival yo les veo como niños, veo como han vivido su infancia y cómo era su entorno. Pese a lo que pese sobre mis hombros, seguiré realizando el Festival para ofrecer un entorno óptimo, en masa, en la infancia de cada persona que participa. Es como si hiciera una transfusión de amor, respeto, valor y apoyo, atravesando el tiempo.

Hay otra razón por mi tristeza y rabia.
Siento que puedo cambiar el entorno interno de mis alumnos, pero caí en que, no puedo cambiar el mundo exterior, no puedo cambiar su entorno de verdad. Quiero decir, nunca podré cambiar a los que les hirieron y algunos casos les siguen hiriendo en actualidad. Y hasta que esta gente se le ocurra cambiar, no va a cambiar el mundo. Yo solo puedo ayudar a las víctimas cuando ya son víctimas, ni siquiera puedo prevenir que lo sean. 

Estoy muy indignada con que, parece que siempre son las víctimas las que tienen que mover las fichas. Mis alumnos vienen a la clase, invierten su dinero y tiempo para poder mantener su fe de que un día podrán liberarse de esas espinas y ser felices. Día tras día, clase por clase aguantan el dolor del pasado y del presente y cantan para seguir existiendo. Pero mientras, los juzgadores van sueltos por la calle, juzgarán a uno y a otro, y cada día habrán más víctimas que sufrirán otras décadas de su vida. ¿Cómo es posible eso?

Hoy, más que ser profa, me gustaría ser policía. Ya que no puedo prevenir el daño, al menos me gustaría perseguir a los malos: Madres que ridiculizan la voz de su hija, padres que siempre manda a callar, monjas que le echan del coro, maestros de música que están locos por el poder…  Hay demasiado asesinatos del alma en mano de ese tipo de gente, “la autoridad venenosa”que juzga a diestro y siniestro, y seguirá así hasta cuando les de la gana.

Los que juzgan no van a venir al Festival... bueno, algunos han venido y han desparramado su espina venenosa contra mis alumnos, que son supuestamente sus seres queridos. Pero ya no vuelven y hoy por hoy, sinceramente agradezco que sea así, no quiero saber nada de gente que hace daño a mis alumnos. Pero quizá en un futuro, si les entra un poco de honestidad, si ellos quieren, que vuelvan al Festival, mejor, tomen algunas clases conmigo. Su voz les enseñará lo que es lo justo, lo que es la empatía. Estaré encantada de ayudarles a traerles al mundo justo y amoroso, donde no se compara ni se compite, simplemente les quiere porque, joder, son mis alumnos, ¿cómo no voy a sentir amor por ellos? Conmigo no van a necesitar ser el mejor alumno ni ser más obediente para poder ganar el amor. Y tendré compasión por el daño que han hecho a otros, porque sé que si juzgan, es porque han sido juzgados por su entorno.

Pero hoy, rezo por las víctimas. Mañana tal vez rece por ellos.

Gracias, mis alumnos, gracias por ser tan fuerte, de sobrevivir tal dolor, tanto miedo.
Gracias por compartirlo conmigo, gracias por abrir vuestro corazón.
Estaré con vosotros, a vuestro lado hasta donde pueda.
Aunque hoy estoy agotada, triste y rabiosa, no pierdo fe en lo que hago y confío en vuestro brillo en los ojos.










Comentarios

  1. Qué valioso es tu trabajo, Makiko, y cómo me gusta la descripción que haces de él.

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  2. Me emociono este articulo tuyo, Makiko, no lo había leido. Todo un ejemplo de Maestra, con mayúsculas. Has sido y sigues siendo para mí un faro que ilumina el camino. Gracias por tu persistencia y cariño. Aún en la distancia me siento protegido por tu calor. Te llevo dentro ☺️🐱

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